¿Sabías que… tener tus oficinas en Polanco ahora es más que factible?

Este es el artículo del ¿sabías que…? Por ejemplo, ¿sabías qué parte de Polanco se edificó sobre una hacienda llamada Los Morales?

Pues bien, esta hacienda era parte de la donación que recibiera Hernán Cortés de parte del Rey de España en el siglo XVI. La hacienda se dedicaba a la cría de gusanos de seda y la siembra de moreras, que es el único alimento del gusano de seda.

Así, junto al abrigo del Bosque de Chapultepec, esta hacienda creció y prosperó desde 1827. Desde entonces y hasta la fecha, diversas familias de la sociedad mexicana han vivido entre sus paredes y para nuestros días, aún se conserva la propiedad que se ha transformado en un restaurante y salón de eventos de prestigio internacional.

¿Sabías que… la avenida Campos Elíseos se construyó sobre la rivera del Río los Morales? Justo el río pasaba por esa hacienda y proporcionaba agua a sus sembradíos y ahora lo que vemos es una de las más afamadas avenidas de esta colonia.

¿Sabías que… el antecedente más aceptable sobre el origen del nombre “Polanco” se retoma de un plano fechado en 1784? Así es, resulta que un plano elaborado por Francisco A. Guerrero y Torres, quien es autor de varias de nuestras joyas de arquitectura colonial, entre las que destaca la capilla del Pocito en la Villa de Guadalupe, identifica en estas tierras de Los Morales, justo a un lado del rancho de Anzures, una construcción denominada la” Casa Arruinada de Polanco”. Esto es lo más cercano y aceptable que se conoce sobre el origen del nombre de este lugar.

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Varios son los rasgos que distinguen este lugar, por ejemplo que los nombres de sus calles y avenidas son en homenaje a escritores, filósofos, científicos y humanistas. Otro rasgo es que se conformó por comunidades judías, libanesas, españolas y alemanas, dando a la zona un toque cosmopolita del que goza hasta el día de hoy.

Y junto a estas comunidades, el nivel socioeconómico medio y alto se deja sentir, haciendo de la zona un lugar un tanto exclusivo. Y para la década de los 90, Polanco tuvo un importante boom inmobiliario que atrajo al mundo empresarial e internacional, convirtiendo esta zona en una de las de mayor afluencia económica de todo el país.

De ahí que podemos encontrar hoteles, centro comerciales, galerías de arte, tiendas exclusivas, rascacielos y espacios culturales del más alto nivel en México y el mundo.

Por ello, decir que toficinapolancoienes un negocio en Polanco, le da una especie de “exclusividad” a tu giro. Y continuando con los ¿sabías que… tener tu propio espacio comercial el día de hoy te puede resultar altamente accesible?

Así es, con la nueva propuesta de tener una oficina virtual en Polanco, ahora es más que factible y te requiere de una inversión mínima con disponibilidad inmediata.

Recuerda que las cosas cambian y hoy están naciendo nuevas propuestas para crear nuevos negocios que apoyan a su vez a otros ramos empresariales. Así que no dejes de darte la oportunidad de inspeccionar esta nueva opción que Network Oficinas en Polanco te pone en la mesa.

Así, decir que tienes tus oficinas en una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, le pone un plus a tu negocio.

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Los mejores lugares para una foto en la ciudad

Una buena foto no está determinada por el equipo, los conocimientos técnicos o los atractivos de un lugar. La clave para que surja la magia está en la mirada del fotógrafo, en su capacidad para identificar el momento, el ángulo y la perspectiva ideales, que le permitan capturar una escena irrepetible.

Cualquier lugar puede ser bueno para tomar una foto extraordinaria. Pero si están en busca de inspiración, algunos rincones de la Ciudad de México reúnen la belleza, la originalidad y el encanto que facilitarán el encuentro de esa visión especial. Por si lo anterior fuera poco, la mayoría de esos lugares se pueden recorrer en bici; así podrán combinar las aficiones por el ejercicio y la fotografía.

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Pónganse ropa cómoda, tomen su cámara y prepárense para ordenar muchas impresiones de fotos, porque seguramente obtendrán más de una imagen que desearán inmortalizar y compartir.

Alameda de Santa María la Ribera

La colonia Santa María la Ribera se fundó en tiempos del Virreinato y aunque ahora la consideramos céntrica, tuvo la distinción de ser el primer barrio que se construyó fuera de la traza original de la ciudad. Alberga varias joyas arquitectónicas que pueden inspirar cientos de fotografías, como la Casa de los Mascarones, el Templo de la Sagrada Familia o el Museo de Geología. La Alameda es el sitio emblemático de la colonia, porque ahí se encuentra el famoso quiosco morisco. Se le conoce así, porque el decorado de sus filigranas evoca el estilo morisco. La pieza fue creada por el ingeniero José Ramón de Ibarrola y se presentó en la Exposición Internacional de Nueva Orleans, en 1884.

Ciudad Universitaria

El campus CU de la Universidad Nacional Autónoma de México es Patrimonio de la Humanidad, debido a los prodigios arquitectónicos que constituyen sus edificios. Temas obligados para una fotografía son los relieves de Juan O’Gorman en los muros de la Biblioteca Central, los murales de David Alfaro Siqueiros en la Rectoría o el mural de Diego Rivera en el Estado Olímpico. El Espacio Escultórico y el Centro Cultural Universitario son otros bellos escenarios, de los que no podrán irse sin una buena foto.

Jardín Hidalgo, en Cuajimalpa

Cuajimalpa se encuentra al poniente de la Ciudad de México, pero sus construcciones y su ambiente son los de un tranquilo pueblo de provincia. En el Jardín Hidalgo están la plaza principal y el quiosco ochavado (de ocho ángulos), dos de los espacios emblemáticos del barrio. Aprovechen para visitar también el Ex Convento Carmelita y la Parroquia de San Pedro Apóstol.

Coyoacán

Entre sus casas, templos y plazuelas coloniales, Coyoacán brinda incontables escenarios para una foto que parecerá extraída de una leyenda. Los mercados y bazares son sitios perfectos para retratar el colorido y la belleza de las artesanías mexicanas. Las casas de cultura y los museos, como el Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo, también son pródigas fuentes de inspiración para todo el que disfruta de la fotografía.

Colonia Roma

Testimonio de la influencia del art nouveau en México, las casas típicas de la Colonia Roma presentan un muestrario de imágenes y caprichosas formas que podrán entretener durante horas a fotógrafos profesionales y aficionados. Sus parques, plazas y avenidas se merecen más de una toma.

Disfruten sus sesiones fotográficas y compartan sus lugares favoritos para poner a trabajar la cámara en la Ciudad de México.

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Que nada te limite al viajar

Viajar, ya sea dentro del propio país o bien al extranjero, es una oportunidad para experimentar la vida de otra forma. Seguramente has notado que al estar de viaje muchos de tus hábitos se alteran, bien porque puedes tomarte la vida un poco más despacio y abandonar alarmas, celulares o correos electrónicos, bien porque tienes tiempo y posibilidades de hacer cosas que la rutina diaria no te permite, como madrugar para ver el amanecer o alquilar una bici para pedalear por las tranquilas calles de una ciudad desconocida.

Un viaje, por breve o largo que sea, es un periodo de cambios y novedades. Pero no todas las sorpresas con las que podemos encontrarnos resultan agradables; una de las que causa mayor preocupación e incluso hace que algunas personas lo piensen dos veces antes de planear un viaje es el enfrentarse con idiomas distintos. Incluso quienes tienen alguna noción de la lengua oficial del país que visitan llegan verse paralizados por la timidez o los nervios, sobre todo ante situaciones que a todos nos hacen perder un poco la serenidad, como el paso por migración. Imagina lo que serán trances como ese o el no encontrar el hotel a media noche, para quien no tiene la menor idea de cómo preguntar.

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Sí, la incapacidad de comprender y expresarse en otros idiomas puede ser una experiencia aterradora. Pero también es un impulso para desempolvar viejos conocimientos, adquirir nuevos y acrecentar la autoconfianza. No dejes que los idiomas se vuelvan obstáculos para que hagas el viaje de tus sueños. Sigue los consejos que a continuación te presento, ármate de valor y disfruta de la vida en otro lenguaje.

1. Repasa tu inglés o aprende algunas frases básicas

Probablemente alguna vez en tu vida tomaste cursos de inglés o al menos estás familiarizado con algunas expresiones del idioma (la cercanía con los Estados Unidos lo hacen prácticamente inevitable). Repasa tus conocimientos o aprende unas frases básicas como “Excuse me, how can I get to…?” o “Where can I find…?”. El inglés sigue siendo el idioma universal y te abrirá las puertas de la comunicación en cualquier lugar del mundo. En aeropuertos, puntos de información turística, hoteles y restaurantes seguramente encontrarás a alguien que hable inglés. Y aun entre los habitantes del lugar que visitas, tienes más oportunidades de darte a entender en inglés que en algún otro idioma.

2. Haz una lista de palabras y expresiones básicas en el idioma del lugar que visitas

Si saludas con un “Guten Tag” en Alemania, un “bon jour” en Francia o un “Marhaba” en un país de lengua árabe, tendrás más oportunidades de ganar la atención, la simpatía y el apoyo de los lugareños. No importa si el resto de la pregunta lo planteas en inglés o mediante señas; las personas notarán que te aproximas con interés y respeto y tenderán a responder de igual forma. Incluso encontrarás a gente con suficiente amabilidad, disposición y tiempo libre para enseñarte otras palabras y frases.

3. Instala un traductor y un diccionario en tu móvil

Seguramente viajas con un smartphone o una tablet. Aprovecha estos dispositivos para tener a la mano un diccionario y un traductor. Aunque conozcas el idioma del país que visitas, siempre te vendrá bien confirmar si lo que vas a decir es correcto. Algunas aplicaciones te permiten tomar fotos de letreros y señalamientos que quieras traducir; resultan ideales para los países donde también la escritura es diferente.

4. Descarga o imprime mapas de los lugares que visitarás

Una duda que todo viajero llega a tener, incluso dentro de su propio país, es la de cómo llegar a un lugar determinado. Para solicitar esta información en una lengua extranjera, es de gran ayuda contar con un mapa impreso o en pantalla, en el que puedas señalar el sitio al que quieres llegar. Aunque no digas una palabra, la persona a quien preguntes sabrá que necesitas indicaciones y podrá usar el mismo mapa para guiarte.

5. Deja la timidez en casa

No te preocupes por tu pronunciación o porque sólo conseguiste aprender tres frases en el idioma extranjero. Utiliza las herramientas y recursos con los que cuentes y, sobre todo, exprésate con seguridad y cortesía. Mi experiencia como viajero me ha mostrado que hay muchas personas dispuestas a ayudar y también que de una sencilla pregunta puede surgir una grata conversación e incluso una amistad. Pregunta, interésate y convive, y así disfrutarás mucho más del viaje.

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¿Por qué en bici?

Es la pregunta que la mayoría de mis amigos y familiares me hacen con frecuencia. Sobre todo cuando en las noticias informan acerca de accidentes de ciclistas, provocados por la intransigencia de los conductores. También me dicen que en ciudades como el Distrito Federal no existe una cultura ciclista; no hay suficientes vías para que transitemos con seguridad, los peatones no están habituados a ceder espacio a los ciclistas y, ya sea por culpa del tránsito, el desconocimiento de las reglas o el estrés que sufrimos todos, los automovilistas insisten en tomar las ciclovías.

Yo creo que todas esas son razones para incrementar la precaución e implementar las medidas de seguridad necesarias para circular en bici (casco, luces, bocina, chaleco distintivo), pero no para renunciar al uso de este medio de transporte. ¿Por qué moverse en bici por una ciudad en la que no existe esa cultura? Pues, precisamente, para que se desarrolle. Como sucede con la lectura, la buena alimentación, el ejercicio y otros hábitos de cuya falta nos quejamos, la mejor forma de implementarlos es mediante el ejemplo. Demostremos que peatones, ciclistas y automovilistas podemos convivir sin afectarnos y mucho menos agredirnos.

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¿Quieren más razones para darle una oportunidad a la bici?

El ejercicio y la quema de calorías están asegurados. Si van en bici al trabajo, al menos por un tramo, llegarán con energía y activarán los músculos de las piernas; algo ideal para quienes pasan muchas horas sentados. Es más fácil cambiar de ruta si se encuentran con un problema de tránsito. En un día de paseo, es la opción ideal para descubrir esas calles y plazas a las que no se puede llegar en coche. Y, tal vez lo más importante, porque mostramos que puede haber una forma ecológica, sana y amena de moverse por la ciudad.

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El top-20 del ciclismo urbano

En un post anterior les contaba mis impresiones de Copenhague, una de las ciudades más amigables para el ciclista urbano, de acuerdo con el diario El País.

Movido por la curiosidad, me di a la tarea de investigar qué otros lugares del mundo han adoptado políticas de diseño urbano tomando en cuenta a los apasionados por las bicicletas. A riesgo de parecer reiterativo, propagandista o, de plano, obsesionado, les comento que la búsqueda me llevó de regreso a la capital danesa.

Y es que la compañía Copenhaguenize Design, una consultora de diseño urbano, elaboró el primer ranking de ciudades con las mejores infraestructuras viales para el ciclismo. Pero las referencias a Dinamarca no acaban ahí. Según los últimos reportes de la mencionada compañía, Copenhague está al frente de las ciudades más amigables para las bicis en este 2015. En años anteriores, Amsterdam había ganado el primer lugar.

Otros detalles llaman la atención en esta clasificación. Por ejemplo, que de las veinte ciudades calificadas como las más amigables para el ciclismo, diecisiete son europeas. Interesante también es que por primera vez una ciudad de América Latina se cuela en el top-20; se trata de Buenos Aires, que hasta el momento va en el lugar 14. Europa del Este también debuta en el en el ranking, representada por la ciudad eslovena de Liubliana. Por su parte, Minneapolis, EUA, y Montreal, Canadá –en los sitios 18 y 20, respectivamente– le dan presencia a Norteamérica. Otros países con ciudades en el top-20 son Francia, Suecia, Bélgica, España y Alemania.

Tal vez ahora se pregunten, como lo hice yo, qué hace a una ciudad “amigable” para quienes nos desplazamos en bici. Pues bien, la premisa en la que se basa el estudio es que las ciudades modernas deben pensar en la bicicleta como un medio de transporte serio y eficaz. Es decir que no basta con que los parques urbanos tengan espacios para que los niños rueden sus bicis un rato o que en los días y horas de menor tránsito vehicular uno que otro audaz pueda ir en bicicleta por el pan. Se trata, en cambio, de que los urbanistas proyecten y diseñen estructuras –vías, pistas, puentes, pasos a desnivel– exclusivas para circular en bicicleta y que éstas sean funcionales y seguras en todo momento.

Con base en lo anterior, el estudio de Copenhaguenize Design implementa trece criterios para medir las facilidades que una ciudad brinda para transportarse en bici. Entre dichos criterios están la existencia de una cultura ciclista, los servicios e infraestructuras, la percepción de seguridad por parte de los usuarios y la aceptación social de este medio de transporte.

Después de explorar este ranking me permití soñar con un recorrido ciclista por todas las ciudades del top-20, así que me puse a comparar viajes. Dejé que la imaginación hiciera de las suyas por un rato y la verdad es que con las herramientas para buscar vuelos y hoteles, como las de viajacompara.com, parece muy fácil pasar de la imaginación al hecho. En fin, ya tendré tiempo…

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Las visitas quieren bici

Mi amigo Víctor viene al D.F. la próxima semana y está muy emocionado con la idea de que recorramos el Centro Histórico en bicicleta. Él vive en Puebla, una ciudad que desde hace dos años implementó un servicio de transporte similar a la ecobici que tenemos aquí. Como viaja por cuestiones de trabajo, nos veremos hasta el fin de semana y planeamos aprovecharlo al máximo. Víctor es otro gran entusiasta de ir por la vida en dos ruedas y, como ya se imaginarán, eso fue lo que nos hizo amigos. De hecho, a pesar de que los dos somos mexicanos, casi de la misma edad y con aficiones compartidas, como los viajes y la arquitectura, probablemente no habríamos cruzado palabra, de no ser porque tomamos el mismo tour en bici. “¿En Puebla o en el Distrito?” – se preguntarán. Ninguna de las anteriores, ¡fue en Barcelona!

Cuando terminé la universidad, reuní hasta el último centavo de los ahorros que me dejó mi trabajo de estudiante (dibujante de medio tiempo en un despacho de arquitectos) y con ayuda extra de mis padres y mi hermana mayor pude comprar un vuelo a España, para empezar ahí la soñada travesía por Europa. Al planear un viaje semejante, la mayoría de las personas empiezan por lo esencial: usan buscadores de hoteles para encontrar el más cómodo, accesible y barato, investigan cómo llegar del aeropuerto a la ciudad, averiguan qué se puede comer o consultan el pronóstico del clima. Lo primero que hice yo fue buscar recorridos en bicicleta.

El camino de Santiago me ilusionó en definitiva, pero la idea se descartó casi de inmediato. Tenía sólo un mes y además quería ir a Portugal, a Francia y de ser posible, a Italia. “Para la otra”, me dije y aún me lo repito, porque no dejo de soñar con ese recorrido. Entonces busqué opciones en Barcelona, la ciudad a la que llegaría primero, y así se renovó el entusiasmo, pues había infinidad de opciones para contemplar las estructuras diseñadas por Gaudí o admirar los vestigios medievales de la ciudad mientras se conducía una bien equipada y segura bicicleta. Fue así, en un tour que salía de la Catedral, recorría el Barrio Gótico, la Diagonal y el Paseo de Gracia, como conocí al desde entonces entrañable Vic.

Espero que nuestro recorrido por el centro el próximo fin de semana nos deje con experiencias tan gratas como las de Barcelona o las que hemos tenido en otros tantos paseos que hemos hecho desde entonces por la república mexicana, principalmente por el centro y el Bajío, y de los que más adelante les platicaré. Ya tengo incluso una bicicleta lista para él, cortesía de una de mis mejores amigas, que vive en el D.F. Lo único que lamento es que Víctor no se hospedará en mi casa, pues en su empresa ya le reservaron un hotel (por cierto que le recomendaron  un sitio en el que puedes buscar hoteles en Guanajuato, Puebla, el D.F. y en muchos otros lugares del mundo, ideales para recorrer en bicicleta).

Los dejo, entonces, para ultimar los detalles del fin de semana sobre ruedas (habrá un post al respecto, claro está) y mientras les comparto un video que le pasé a mi amigo, con muy buenos consejos para el ciclista urbano.

 

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¿Ya ven que sí se puede?

Por si me faltara inspiración para continuar con este blog -que no me falta-, me acabo de enterar que la ciudad de Copenhague está a punto de lograr un gran objetivo: hacer que para el final del año, el 50% de los ciudadanos utilicen la bicicleta como medio de transporte. Yo creo que van a superar el objetivo y con creces, pues según leí, la mayoría de los padres de familia llevan a sus hijos a la escuela en bicicleta y en el centro de la ciudad este medio de transporte ya se utiliza en el 63% de los desplazamientos. ¿No sería genial que un día se comentara lo mismo de las grandes ciudades de nuestro México?

Claro, me dirán que aquello es primer mundo y existen las condiciones y la infraestructura para que la bici se use cada vez más. Y eso es cierto; Copenhague cuenta con pistas exclusivas para ciclistas que conectan con el centro de la ciudad, amplias ciclovías y semáforos especialmente programados para agilizar la circulación de las bicis. Y algo soprendente, cuando hay nevadas, las pistas y los carriles de bicicletas se despejan primero. Sin duda todo esto es el resultado de grandes inversiones por parte del gobierno, pero también de una conciencia ciudadana que demanda medios de transporte ágiles, económicos y amigables con el medio ambiente.

En la capital danesa, esa conciencia despertó en la década de los setenta, cuando la crisis del petróleo causó el encarecimiento de los combustibles y, en consecuencia, de la mayoría de los medios de transporte. Y, por supuesto, el cuidado del medio ambiente fue otra gran motivación. En México, los frecuentes “gasolinazos” y la contaminación, ya excesiva en muchas ciudades, deberían ser impulsos suficientes para practicar el ciclismo no sólo como deporte o entretenimiento, sino como forma de transporte. Por eso pieso que lo realmente indispensable y lo que más nos hace falta es una cultura de respeto entre todos los que habitamos y recorremos las ciudades.

La mayoría de los amigos y conocidos con los que suelo platicar de estos temas parecen tan convencidos como yo de las bondades del ciclismo. Y sin duda están tan hartos como yo del tráfico, el esmog y el tiempo perdido por culpa del caos vial y la ineficiencia del transporte público. Sin embargo, son pocos los que se han animado a rodar por la ciudad y me entristece decir que la mayoría de esos valientes han tenido malas experiencias: ciclovías bloqueadas o en mal estado, automovilistas o peatones que no las respetan y la imprudencia de algunos ciclistas que tampoco respetan el espacio de los autos, desconocen el reglamento vial o no usan el equipo básico de seguridad (por lo menos el casco).

Recuerdo que una de mis secciones preferidas del parque de Chapultepec era esa red miniatura de calles y avenidas que se recorría en bici o hasta en triciclo, en el caso de los más pequeños; había semáforos, señales, carriles de distintas velocidades y así, divertidísimos y casi darnos cuenta, aprendíamos lo básico del reglamento vial. No sería mala idea retomar actividades como esas con nuestros niños y mostrarles que con respeto y organización todas las formas de trasporte caben en esta ciudad.

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Sin que los pies toquen el suelo

La primera vez que me subí a una bici tendría unos nueve años. Ya sé, algo viejo para empezar y mantener la dignidad pese a las rueditas de entrenamiento. Pero una vez superadas las vergüenzas, el miedo y los no pocos ni tan leves raspones, me enamoré de la vida en dos ruedas. Eso de moverte tan rápido como te den las piernas, ya sea en el pavimento o en la tierra y, además, con los pies en el aire, me fascinó. ¡Sentía que volaba!

Ahora tengo treinta y un años y a pesar de que los baches, el tráfico y los choferes cafres, tan típicos de mi natal Chilangolandia, suelen hacer que cualquier forma de ciclismo resulte un deporte extremo, no he perdido el entusiasmo por la querida bicla. Y estoy firmemente convencido de que con un poco de respeto, atención y civismo por parte de automovilistas, peatones y ciclistas, podemos rodar -o caminar, o volar- por la ciudad, sin afectarnos unos a otros ni arriesgar a lo loco el pellejo.

Me llamo Leo y te invito a seguir mi blog para que compartas la experiencia de viajar, ejecercitarte y descubrir la ciudad, sin que los pies toquen el suelo.

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